Estrategia Legal Aumentada
- Leonel Melo
- Nov 3, 2025
- 12 min read
Discurso apertura CIEL 2025
CIEL 2025 nos convoca en un momento fascinante de transformación. La inteligencia artificial, que como analizaremos en detalle en estos dos días es el motor de las tecnologías autónomas, tiene un impacto transversal sobre toda la economía, y por ende alcanza todas las profesiones reunidas hoy aquí, las cuales convergen en un esfuerzo interdisciplinario para construir eso que denominamos Estrategia Legal.
La transformación que vivimos no es una simple revolución tecnológica, sino una reconfiguración profunda de las coordenadas mismas del conocimiento, del trabajo, de los mercados, y de la decisión. La inteligencia artificial no es una herramienta más en el arsenal del desarrollo humano: es una forma nunca antes vista de inteligencia aplicada, una fuerza que nos obliga a repensar qué significa saber, crear y actuar. Durante siglos, la inteligencia humana fue el centro de gravedad de la estrategia. La razón, la intuición, la experiencia, el juicio, se consideraban patrimonio exclusivo del individuo. Pero hoy esa exclusividad se diluye. Frente a nosotros surge una inteligencia distinta —no biológica, no emocional, pero sí sorprendentemente capaz de analizar, predecir y sobretodo aprender— que cuestiona nuestra propia definición de lo humano en la toma de decisiones. El desafío que tenemos por delante, sin embargo, no es uno de sustitución, sino de integración. No se trata de preguntarnos qué quedará para los humanos cuando las máquinas hagan casi todo, sino cómo seremos más humanos cuando las máquinas hagan mucho más que antes.
El Instituto OMG hizo su propuesta original de estructurar la disciplina de Estrategia Legal hace ya más de diez años, y lo hizo mediante tres propuestas concretas de pensamiento: un Plan de Investigación, enfocado en generar herramientas para derivar del entorno jurídico rutas óptimas para satisfacer los objetivos de negocio de las empresas; una Maestría en Estrategia Legal, para formar profesionales expertos en esa naciente disciplina y al mismo tiempo incrementar exponencialmente la capacidad de investigación; y un Congreso Internacional que reuniera a las mentes académicas más prodigiosas avanzando el desarrollo de estas ideas junto a empresarios y profesionales de todas las disciplinas -no sólo el Derecho- para que se convirtiera en una plataforma idónea de consolidación de la disciplina. Hoy nos sentimos orgullosos de afirmar que esas tres propuestas han hecho, cada una en su esfera, una modesta pero muy valiosa contribución académica, con un récord muy tangible. En el camino, hace cuatro años lanzamos nuestro Grado en Derecho, con un currículum innovador diseñado alrededor de los preceptos de la Estrategia Legal.
La primera edición de CIEL, en el 2017, fue dedicada a los cimientos de la disciplina, y al posicionamiento de una idea complementaria necesaria a la Estrategia Legal, que es la de Inteligencia Legal, la de que las empresas pueden generar ventajas competitivas mediante la identificación oportuna y el aprovechamiento de las oportunidades que resultan del entorno jurídico, y con ello lanzamos nuestro Coeficiente de Inteligencia Legal (LQ) para medir de manera objetiva esa capacidad de aprovechamiento. CIEL 2019, por su parte, fue mayormente dedicado a analizar cómo las ciencias conductuales aportaban a la disciplina de Estrategia Legal, que había sido originalmente construida alrededor del modelo de comportamiento racional y el Análisis Económico del Derecho, reconociendo desde entonces el impacto que tienen en el modelo la conducta y los sesgos del estratega y del empresario, quienes actúan la mayoría de las veces en escenarios de asimetría de información. En cuanto a las tecnologías, y la vocación que estas tienen de transformar nuestras profesiones y nuestros roles respectivos construyendo estrategia, este es un tema que ha estado presente en la agenda del CIEL sobretodo desde la edición del 2019, en que dedicamos una sección a las cadenas de bloques y los contratos inteligentes, continuando en el 2021 con una vista profunda a la economía digital y el legaltech, y finalmente, en nuestra última edición, en el 2023, al metaverso y la inteligencia artificial, apenas meses después de que la utilización de los modelos extensos de lenguaje se hiciera masiva.
En mi introducción al CIEL 2023, titulada “De inteligencia artificial a inteligencia legal”, me permití avanzar ciertas intuiciones sobre la forma como la inteligencia artificial podía contribuir tanto a la Estrategia Legal como a la Inteligencia Legal, basado en mi entendimiento en ese momento de las herramientas disponibles y de la forma como las mismas podrían interactuar con los diversos componentes de ambos modelos de pensamiento. En esta edición me propongo actualizar esas reflexiones con el entendimiento que derivo hoy día de la evolución que ha tenido la inteligencia artificial.
Los que estamos aquí reunidos tenemos en común que asumimos la responsabilidad profesional de pensar, y de servir mediante el pensamiento, procurando agregar valor en el proceso. De ahí que naturalmente nos preguntemos si debemos ver en la inteligencia artificial un disruptor, específicamente un competidor, o más bien un habilitador. La reacción habitual es ver la irrupción de la inteligencia artificial en términos de competencia: una rival que amenaza el dominio profesional, un riesgo para la pericia que antes nos definía. En el 2023 nos atrevíamos a adelantar que el abordaje correcto, y sobretodo útil, era el de ver la inteligencia artificial como un habilitador del proceso estratégico y enfocarnos mucho más en las oportunidades que nos brinda que en los riesgos que tendríamos que gestionar, y este abordaje además es consistente con planteamientos hechos antes en esta misma plataforma, empezando por mi Introducción al primer CIEL en el 2017, titulada precisamente “De la gestión de riesgos a la gestión de oportunidades”, y siguiendo con el concepto mismo de Inteligencia Legal, concentrado en que los equipos gerenciales trabajen de manera interdisciplinaria para derivar oportunidades del entorno jurídico. Decíamos entonces que la IA no compite con el estratega, sino que más bien lo habilita, lo incentiva a operar en una escala más amplia, con más información, más contexto y más capacidad analítica, y le permite dedicarse a lo que realmente importa: formular mejores preguntas, diseñar estrategias más creativas, anticipar escenarios y negociar con más conciencia del todo. La diferencia entre competencia y habilitación marca el paso de una mentalidad defensiva a una mentalidad estratégica. Nos libera del temor a ser reemplazados y nos invita a ser potenciados.
En este contexto, el pensamiento de Daniel Susskind, a quien tendremos el privilegio de escuchar mañana, resulta revelador. En The Future of the Professions, Susskind describió con lucidez cómo las profesiones —el Derecho, la medicina, la educación— nacieron como guardianas del conocimiento experto en un mundo donde el acceso a la información era escaso. Hoy, dice Susskind, esa escasez desaparece. La tecnología democratiza el conocimiento, rompe monopolios cognitivos y redistribuye la confianza. En A World Without Work, Susskind amplía esa idea: la automatización no elimina el valor humano, pero sí desplaza el eje del valor. El desafío ya no es tener trabajo, sino encontrar propósito y utilidad en un entorno donde el trabajo humano empieza a no ser imprescindible. Y en Growth, su última obra, Susskind nos advierte que el crecimiento —como concepto económico y social— solo tiene sentido si sirve a fines más amplios de justicia, sostenibilidad y bienestar. Su mensaje converge en una idea esencial: la tecnología cambia las condiciones del trabajo experto, pero no su sentido moral. El valor del profesional -abogado, estratega, el profesional de cualquier disciplina- no desaparece: se redefine en su capacidad de usar esa tecnología con criterio, responsabilidad y visión.
Otros autores contemporáneos profundizan este tránsito desde distintos ángulos, incluyendo tres mentes brillantes que nos honran con sus ponencias en este CIEL 2025. Christoph Lattemann, a quien escucharemos mañana, recuerda que la digitalización no debe ser analizada como un asunto “tecnológico”, sino sobre cómo las organizaciones diseñan su adopción y la convierten en innovación real. Las posibilidades de éxito en ese sentido no radican en el algoritmo, sino en la cultura que lo rodea, en la capacidad de integrar la tecnología con el propósito humano. Daniel Castro, por su parte, insiste en que los datos, los algoritmos y la inteligencia artificial deben tratarse como infraestructuras públicas del siglo XXI y que no basta con regularlas, sino que hay que gobernarlas con inteligencia, de modo que impulsen al mismo tiempo la competitividad y el bien común. Y Jon Garon, un estudioso del derecho de la tecnología y del metaverso, quien nos hablará esta tarde y estuvo con nosotros ya en CIEL 2023, añade una advertencia crucial: “El Derecho debe dejar de ser un mero árbitro del cambio tecnológico y convertirse en un diseñador activo de las reglas del nuevo entorno digital.” Garon nos recuerda que la regulación del futuro no puede limitarse a perseguir la innovación: debe anticiparla y orientarla, integrando visión jurídica y comprensión tecnológica desde su origen. Lattemann, Castro y Garon coinciden en que los problemas que nos conciernen no son tecnológicos, sino estratégicos, de la misma forma como en esta plataforma hemos afirmado siempre que las empresas no tienen problemas legales sino objetivos de negocio y el Derecho debe ser capaz de garantizar el alcance de los mismos. La clave no está en digitalizar procesos, sino en reinventar modelos de decisión, de poder y de creación de valor. Y esa es precisamente la tarea de la Estrategia Legal.
Lo que sabemos hoy que no sabíamos hace dos años, y alrededor de estos descubrimientos es que actualizo mis reflexiones, es lo siguiente: primero, que en algunos elementos o fases del proceso estratégico la inteligencia artificial sí es efectivamente un competidor de la inteligencia humana, y además uno que vence al estratega, por lo que se impone un desplazamiento de la inteligencia humana para concentrarse en aquellos elementos o fases del proceso donde agrega más valor; y segundo, que existen enormes oportunidades en el espacio de intersección de ambas inteligencias, en lo que denominamos “Estrategia Legal Aumentada”.
En lo que concierne a lo primero, se hace evidente que la inteligencia artificial vence al estratega en procesamiento de datos, sobretodo cuando es masivo, por su velocidad, capacidad para manejar volumen, y su precisión mecánica. También vence en aspectos como búsqueda normativa y de documentos en general, por la inmediatez del acceso, la capacidad de resumir, la exactitud, y la actualización continua. Y me atrevo además a sugerir, aunque el récord sea menos obvio, que la inteligencia artificial también vence al estratega en la generación de borradores de contratos, informes y demandas, por su mayor rapidez, su uniformidad y estandarización natural, y su disponibilidad continua, si bien el estratega retiene cierto espacio en enfoque, estilos, matices, y tácticas de persuasión. Las áreas entonces reservadas al estratega, aquellas donde sigue prevaleciendo la intuición original de que la inteligencia artificial constituye un habilitador y no un sustituto, son aquellas que involucran análisis estratégico, planificación y negociación.
En cuanto al segundo descubrimiento, de la discusión de contrastar una visión de competencia con una de habilitación hemos trascendido a una de conciliación de la inteligencia humana (la IH, como he empezado a llamarle) con la inteligencia artificial (la IA). Y esa conciliación nos coloca en un espacio de intersección entre ambas inteligencias, donde encontramos conceptos valiosos como el de “human in the loop” y el de “consultoría aumentada”, ambos ejemplos de integración de la IH en la validación y corrección de los insumos producidos por la IA, contribuyendo de esta manera al proceso de aprendizaje de la última. La IA propone, generando predicciones, decisiones, o resultados; el humano valida, corrige o complementa esas propuestas; y el sistema aprende, ajustando su modelo a partir de la retroalimentación humana.
La consultoría aumentada es un ejercicio profesional en el que los humanos trabajan apoyados por sistemas inteligentes para aumentar su capacidad de análisis, de diagnóstico, de diseño estratégico y de ejecución, conservando el juicio humano como centro del proceso. El profesional deja de ser un analista experto de contenido y pasa a ser un curador de inteligencia híbrida, diseñando las preguntas correctas, supervisando los algoritmos, validando sus propuestas, integrando datos, intuiciones y contexto humano en las decisiones, y con ello evolucionando de resultados técnicos a acción organizacional y transformación cultural de las empresas.
La cuestión de fondo es entonces cómo conciliar dos formas de inteligencia que, aunque distintas, pueden ser complementarias. La inteligencia artificial nos ofrece escala, velocidad y precisión, y la inteligencia humana aporta contexto, juicio, sensibilidad y ética. La primera procesa al mundo que nos rodea; la segunda lo interpreta.
Aquí resulta particularmente valiosa la aportación de Daniel Tejada Plana, quien también nos honra con una ponencia mañana, y que nos recuerda, desde la óptica del derecho penal económico y el compliance conductual, que ninguna transformación tecnológica será efectiva si ignora el comportamiento humano. En Behavioral Compliance Daniel afirma que “El cumplimiento efectivo no depende de imponer más normas, sino de entender cómo las personas las perciben, las interiorizan y las traducen en conducta.” Su reflexión es aplicable a toda estrategia legal aumentada: la tecnología puede procesar datos, pero solo el ser humano puede convertir conocimiento en acción ética. Cuando el estratega se mantiene “in the loop”, no abdica su rol, sino que lo multiplica. No usa la tecnología para pensar menos, sino para pensar mejor. La ética, la empatía, el sentido del tiempo y la palabra —todo lo que ninguna máquina puede comprender del todo— siguen siendo el corazón del Derecho y de la Estrategia Legal.
Veamos qué aprendizajes se derivan de la extrapolación de estas reflexiones al modelo de Estrategia Legal que hemos propuesto y que nos congrega por quinta vez en este Congreso. Como hemos expuesto en otras ocasiones, hemos encapsulado la Estrategia Legal en lo que denominamos “OST”: El “consultor” es un estratega que tiene la responsabilidad de diseñar y ejecutar una ruta (S) para satisfacer los objetivos de negocio del cliente (O) apoyándose en las herramientas normativas disponibles (T). De ahí se desprende que el estratega: primero, asiste en la determinación de los objetivos de negocio; segundo, estudia y analiza el entorno en que las decisiones deben ser tomadas (due diligence); tercero, estudia y analiza las herramientas normativas disponibles (estructuras legales, selección de jurisdicción -forum shopping-, regímenes fiscales); cuarto, determina la estrategia basado en todo lo anterior; y quinto, negocia la ejecución de la estrategia con contrapartes, incluyendo reguladores. Para evaluar el impacto de la IA en la estrategia legal, es necesario descomponer el análisis en esos cinco elementos o fases del proceso estratégico, porque la contribución relativa es distinta en cada una, y también lo son las herramientas de inteligencia artificial disponibles.
Entendida la estrategia legal como un método estructurado para vincular el Derecho con los objetivos estratégicos, la pregunta es cómo la inteligencia artificial puede potenciar cada fase de ese modelo. En lo que concierne a la primera fase, la identificación de los objetivos, la IA puede ayudarnos a clarificar propósitos mediante el análisis de datos, escenarios y patrones históricos, incluyendo patrones invisibles; pero sigue siendo el ser humano quien define el sentido, quien decide el por qué se pretende accionar algo, lo cual es, como hemos expuesto en otras ocasiones, la definición última de un objetivo. En lo que respecta al due diligence, la IA ofrece ventajas extraordinarias, mediante la exploración de bases de datos y la capacidad de analizarlas en gran escala; la tecnología en este caso detecta información y correlaciones, y el estratega interpreta sus implicaciones. En la fase de identificación de los elementos del entorno jurídico que pueden ser aprovechados, la IA permite “mapear” marcos legales en múltiples jurisdicciones y detectar oportunidades normativas o incentivos ocultos, pero sigue siendo tarea del estratega, de la IH, discernir qué uso de la norma es legítimo, justo y sostenible. En la tarea de determinación de la estrategia, que es la cuarta fase del proceso, se evidencia una dimensión muy artística del pensamiento legal: se nos requiere ponderar riesgos, diseñar opciones, compararlas, equilibrar valores y propósitos; la IA puede contribuir en esta fase simulando resultados o proyectando escenarios, pero la decisión sigue siendo impactada mayormente por la IH: es el momento del juicio, de la creatividad, de la visión. Finalmente, a la hora de negociar la implementación de la estrategia escogida con contrapartes, siempre en escenarios de asimetría de información, los sistemas de IA pueden analizar posiciones, anticipar conductas, prever concesiones e incluso generar textos contractuales, pero solo el ser humano puede leer los gestos, entender el silencio y construir confianza.
Así entendida, la IA claramente no sustituye el rol de la IH en ninguna de las fases del modelo de Estrategia Legal, pero definitivamente tiende a sustituir algunos elementos de las fases de due diligence y estudio de normas, y en todas las fases amplía, “aumenta” el rol del estratega. Cada fase se vuelve más precisa, más informada, más ágil, pero el núcleo ético y relacional sigue dependiendo de la inteligencia humana.
De este proceso surge entonces una nueva figura: el Estratega Legal Aumentado, un profesional que combina el pensamiento analítico con la empatía, la técnica con la visión, la inteligencia humana con la artificial. Se hace evidente que no es ya suficiente dominar el Derecho, y tampoco tener la habilidad de usarlo inteligentemente para alcanzar objetivos de negocios. Se requiere orquestar inteligencias. El estratega legal aumentado no es un programador de normas ni un simple intérprete de algoritmos: es un diseñador de contextos, un mediador entre la razón jurídica y la inteligencia digital. Su ventaja no está en competir con la tecnología, a la cual no es capaz de vencer, sino en entender cada vez mejor qué significa ser humano en una época de máquinas pensantes. En este sentido, la inteligencia artificial no empobrece a nuestras profesiones sino que las dignifica, al obligarnos a elevar el nivel del pensamiento, la ética y la estrategia.
CIEL no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino abrir horizontes de conocimiento. Hoy proponemos el horizonte de una Estrategia Legal Aumentada, donde la tecnología amplifique nuestras capacidades sin erosionar nuestros valores. Desde el Instituto OMG asumimos la responsabilidad —y la oportunidad— de crear espacios para esta conversación. De continuar estimulando a una generación de abogados, estrategas, empresarios y líderes que comprendan la tecnología, pero sobre todo que comprendan al ser humano detrás de ella. De demostrar que la inteligencia artificial, bien entendida, no representa el fin de nuestras profesiones, sino su renacimiento. El Derecho —en su esencia más profunda— siempre ha sido una especie de tecnología de convivencia: un sistema creado para traducir principios morales y de funcionamiento de los mercados en estructuras sociales y económicas. Por ello afirmaba yo en la Introducción a CIEL 2023 que el Derecho fue la primera forma de inteligencia artificial de la historia. Hoy, esta nueva inteligencia artificial nos desafía a hacer lo mismo de antes, pero con una potencia multiplicada. Y si somos capaces de guiar esa potencia con sabiduría, estaremos no solo defendiendo el Derecho y todas nuestras profesiones, sino redefiniéndolas. Ese es el sentido de esta era en que vivimos: no un mundo donde las máquinas sustituyen a los profesionales, sino uno donde los profesionales aprendemos a pensar con las máquinas para servir mejor al ser humano.
Bienvenidos, y disfruten CIEL 2025.

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